SONREÍR AL MIEDO

12 Jun

 

sonreir

 

 

 

 

“LO QUE NO ME MATA, ME ALIMENTA” – F. KAHLO –

 

 

 

 

DÍA INTERNACIONAL DEL SUPERVIVIENTE DE CÁNCER

 

 

Ha sido el 3 de junio, pero creo que no sólo basta un día para poder festejar con una sonrisa todo aquello por lo que hemos pasado los que, de momento, hemos dejado atrás a nuestro mayor miedo. La balanza se ha inclinado hacia la vida, y al menos en este punto, debemos gozar al máximo de todo lo que ella nos puede aportar. Cada día.

Durante todo este tiempo me he nutrido de experiencias de terceros, he empatizado con los blogs/vlogs de otras personas cuyo camino ha sido bastante más complicado que el mío, pero finalmente se sientan a mi lado en el escalón de la “salvación”. Han llegado a meta después de mucho dolor (físico y moral), mucha tristeza, mucha mierda. Y ahora, como si alguien borrase de nuestras cabezas esos malos recuerdos…nos encontramos (mejor o peor) caminando en un nuevo camino, una nueva senda mucho más salvaje y alegre, más exótica e intensa, con mayores temores…pero muchísimas más alegrías. Ya que, hemos entendido (al menos por mi parte) que la vida es un “tic-tac” de reloj, no hay futuro…solamente presente. Y lo vivimos, intensamente. ¡YA!

Y precisamente, no se trata propiamente de “borrar” lo que hemos vivido. Porque es imposible. Pero es una hostia de verdad, un golpe de vida que hace que todo cambie a tu alrededor. La percepción de la vida, ambiciones profesionales, sueños futuros, calidad de amigos y familia…todo muta. La IMPORTANCIA de las cosas cambia. Y todo ello provoca el nacimiento de tu otro “yo”, ese que estaba escondido y que no conocías hasta que el peligro enseñó las orejas. Y yo estoy orgulloso de mi nuevo yo, es mucho más fuerte y valiente que el anterior, más guerrero e intenso, más sensible y más fuerte. Más duro, justo y pasional. Y la bondad no desaparece, pero sí cambia de modo, de tiempo y de forma.

Me arrodillo ante las personas que aún luchando han caído, y considero que en este día conmemorativo también ellos deben ser los protagonistas. Figuras públicas y anónimas, el cáncer no distingue de clases ni profesiones. Y, precisamente, mi mención especial para David Delfín y Bimba Bosé, muertos en este 2017. Y a todas esas personas que, como ellos, nos han enseñado cómo se debe luchar, dignificando una enfermedad que cada año se lleva a miles de almas. El miedo existe, pero lo disfrazamos con guirnaldas de colores, confeti y gafas con bigotes…Así es menos feroz, no te destroza y aprendes a “convivir” con su mala leche.

En cierto modo, a veces me siento privilegiado…Y todo el mundo me lo echa en cara, “¿Cómo puedes dar las gracias por haber tenido un cáncer?”. Y es que no estoy agradeciéndole a la vida que me haya arrojado al vacío, ni que me haya presentado a la idea de la muerte, que estaba muy dormida en esta edad temprana. Doy gracias porque yo he tenido la oportunidad de curarme y comenzar de nuevo; gracias porque hoy estoy aquí, viviendo. Y también gracias por todo lo aprendido. Me consideraba una persona madura, cada uno vive realidades y hechos que hacen que madures tempranamente, pero esto ha sido brutal.

Rescato del blog Colectivo GIST España una reflexión que me ha parecido esencial:

Actualmente existen en España alrededor de un millón y medio de supervivientes de cáncer, personas que necesitan reincorporarse a su vida cotidiana tras los tratamientos y que ven como la vuelta a la rutina está repleta de obstáculos.

El diagnóstico de un cáncer es un antes y un después en nuestra vida ya que ésta cambia radicalmente. La enfermedad nos deja secuelas físicas, psicológicas, emocionales, sociales, laborales, necesidades difíciles de abordar y que en muchas ocasiones no están cubiertas. Por eso decimos que “el cáncer nos marca de por vida”. A los pacientes y a nuestros familiares, a nuestros amigos, todos los seres queridos que han convivido con el cáncer compartiendo cada etapa con nosotros.

El cáncer marca nuestra salud, sujeta desde entonces a constantes revisiones, marca nuestras emociones, generándonos sentimientos contradictorios, muy intensos, sintiendo el miedo a la recaída e incluso soledad e incomprensión. Marca nuestra manera de ver las cosas y a las personas que nos rodean, cómo nos relacionamos y como aprovechamos cada momento. Marca nuestras capacidades para volver a trabajar y por tanto, nuestra economía. Marca nuestro físico, con cicatrices que nos recuerdan todo lo vivido.

Sí, el cáncer es una enfermedad que viene y no se va, porque siempre nos recuerda que está o ha estado ahí. De ahí que en esta campaña se haga un símil entre el cáncer y un tatuaje. Ambos son para toda la vida y aunque los intentes borrar, dejan huella.

Y nuestros tatuajes son las cicatrices, esas que debemos lucir con orgullo, esas que debemos mirar de reojo y con una sonrisa de satisfacción. Forman parte de nosotros para siempre, son nuestra batalla, nuestra lucha, nuestra victoria temporal. En un corte se zurcen todos los recuerdos y momentos que hemos vivido, los cambios brutales, los giros improvisados…y todo el AMOR y energía que hemos recibido.

Estoy orgulloso de formar parte de ese millón y medio de supervivientes, de guerreros/as. Y sobre todo, compartir “asiento” con aquellos que han caído y nos han dejado. Jamás le llamemos derrota, ha sido una victoria eterna.

Por mi parte, y hasta que el destino me lo permita, seguiré disfrutando de la vida con todo el amor de mi corazón. ❤


Un texto de 

https://sonreiralmiedo.wordpress.com/

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